Pues fuimos al PEX o sea, al Parque Ecológico Xochimilco. El lugar lo elegí después de que un vecino me hablara de un “parque muy bonito” cerca de Cuemanco y, cuando lo busqué en Google, la neta es que las fotos se veían muy coquetas (oh, mentiroso Google).
Ro llegó a mi casa en auto pero como lo estoy introduciendo a esta bonita moda de caminar, decidimos recorrer esos casi 5 kilómetros a pie, (súper aventureros) aunque después de empezar a sudar como cerdo (no creo que los cerdos suden) pensé que no había sido tan buena idea (obvio no se lo dije).
Recorrimos Calzada del Hueso y cruzamos el mercado de flores de Cuemanco hasta llegar al canal. Ahí, hay que usar el puente peatonal para llegar al Parque Ecológico.
Para entrar, cobran 30 pesitos por persona (15 si eres niño o de la tercera edad) aunque la verdad, ese dinero no se ve reflejado en el mantenimiento del lugar, espero que esté llegando a los bolsillos de gente que lo necesite… espero.
Hay un sonido universal que describe a la perfección el sitio -- > “MEH”... o sea, podría estar mejor, pero tampoco es que es lo peor que he visto.
El PEX abrió en 1993 después de que fuera rescatado por un patronato y seguro en aquella época debió ser precioso, sin embargo, hoy está un poco descuidado y tiene ciertos tintes apocalípticos y de abandono que dan miedito, así tipo The Walking Dead.
De hecho, llegamos a la conclusión de que en caso de que el día del Apocalipsis zombie nos alcance, ese sería un buen refugio pues tiene sitios techados, huerto, bayas y la maleza le da ambiente... ¡búsquense su propia guarida contra los muertos vivientes!
Las bancas de cemento se están cayendo a pedazos y muchas ya son inusables debido a la maleza que ha crecido a su alrededor… No me quiero ni imaginar todas las especies de bichos y roedores que deben de andar por ahí, así que mejor ni pensar en sentarse en ellas.
Sin embargo, tiene cosas no tan malas… digo, el “camino de las flores” no tiene flores y de toda la fauna que te prometen en su sitio web, sólo vimos un par de aves en medio de la nada, pero el espacio es tan grande (200 hectáreas) que llega un momento en el que dejas de escuchar los autos y es como si realmente salieras de la ciudad.
Nosotros simplemente caminamos, tratamos de recorrerlo como si estuviéramos en pleno bosque y nos olvidamos de que a sólo unos metros estaba el Periférico.
Sin duda tiene rincones mágicos en los que puedes hacer un pequeño picnic o sentarte a leer y, si eres más de la onda deportiva, creo que tiene los kilómetros suficientes para que entrenes un medio maratón sin bronca.
Los juegos infantiles están usables (yo misma probé los columpios) y hay palapas para esconderse del sol un ratito mientras ves los canales…. Eso sí, nunca dimos con las chinampas y las trajineras se veían un poco tristes y decadentes.
En fin, la pasamos bien porque fue distinto y nos olvidamos del tráfico y la bola de gente (no nos gusta la gente).
Si quieres ir, los camiones que se van por todo Periférico (salen desde el metro Toreo) te dejan justo en la entrada, aunque también hay camiones que salen desde el metro Taxqueña (son los que dicen UAM - Cuemanco).
